El bajón del/a escritor/a
Me alegré mucho de que pensaran en mi para leer y publicar en DE MES EN CUANDO. Era algo que me hacía especial ilusión, y puse todo mi empeño y cariño en escribir un relato que hablara de esta Granada tan surrealista en la que vivo. Quería que fuera algo divertido, ingenioso, con final sorprendente, algo que, en definitiva, gustara a la gente del Anaïs.
Conseguí hacer el relato, yo quedé bastante contenta. Sin embargo, dos semanas antes de la cita tuve la fatídica idea de ir a ver a mi antecesor en el Anaïs. La cosa no pudo ser más terrorífica: aquel joven escritor era de una brillantez extrema. Tenía encandilado al público. Le pedían un relato tras otro.
Me sentí hormiga. Me sentí tonta. Pero, sobre todo, sentí que yo lo haría fatal, que la gente me encontraría tan tonta y absurda como me sentía yo en aquellos momentos.
Durante dos semanas, me comieron los nervios (por desgracia, no adelgacé. No soy de esas personas). Llegó el gran día, y yo seguía nerviosa. ¿Y sabéis qué? Al final no me comió nadie. Nadie me dijo que era pésima. Nadie me dijo que a lo mejor me faltan dos hervores. La cosa salió bastante bien.
Quizá Giuseppe tenía razón: habían pasado dos semanas, la gente ya no se acordaba del anterior, lo hacían demasiado vagamente como para comparar.
Es cierto: las comparaciones son odiosas. Los escritores noveles, movidos por nuestras inseguridades, nos comparamos con los brillantes escritores que ya han publicado uno o más libros.
Pues bien, queridos amigos, YO NO QUIERO SER COMO NADIE. Bastante trabajo me cuesta ya levantarme por la mañana y ser yo misma, como para ponerme ahora a imitar la escritura de éste o aquel. Yo tengo mis propios intereses, mis puntos de vista, mis formas de narrar. Si llego o no llego alguna vez al premio nobel de literatura, ¿qué más da mientras me guste escribir y haya alguien dispuesto a leer lo que hago?
¡¡¡FELIZ DÍA DEL LIBRO A TOD@S!!!


