El huevo y la gallina
Está comprobado que el ejercicio físico me sienta fatal. ¿Porqué digo esto? Bien, normalmente cuando decido adelgazar (nunca entenderé que mi peso real es 65 kilos) me da por andar a toda pastilla, ya sea por el paseo de Almuñécar o por las calles de Granada, durante más de una hora. Normalmente voy sola y sin walkman (uy, que antigua soy, que ahora se llaman mp3 o mp4), así que acabo pensando mucho (demasiado, diréis cuando leáis lo que sigue). Así que el otro día estaba con la vista en las olas, por un lado, y la mente en los libros por otro. Me vino la siguiente reflexión a la azotea: si la mayoría de los escritores aprendemos lo poco o lo mucho que sabemos después de leer cientos de libros, ¿cómo aprendió a escribir el primero que tuvo la idea de hacer un libro? ¿Acaso Dios dejó un libro por ahí, como quien no quiere la cosa, para que ese hombre aprendiera? ¿O fueron los extraterrestres? ¿Quizá era un superdotado autodidacta? Ala, pues ahí os queda eso!!!



