Saber perder
Título: Saber Perder. Autor: David Trueba. Editorial: Anagrama. Págs: 524. Precio: 20 €
En el mundo en el que vivimos, cada vez más competitivo, no caben las derrotas. Hay que ganar a toda costa, cueste lo que cueste, pasando por encima del que haga falta. El fracasado, por lo general, está muy mal visto en este tiempo de vencedores. Pero, seamos sinceros: ¿acaso no son más las veces que caemos que las que estamos sobre la cima? De Saber Perder y otros muchos temas entienden bastante los cuatro personajes principales de la tercera novela del director de cine y escritor David Trueba.
Comienza el curso 2004-2005 en un instituto cualquiera de Madrid. En él estudia Sylvia, una adolescente bastante madura para su edad que, sin embargo, se deja llevar por el irrefrenable deseo de vivir, cuanto antes, ciertas experiencias. En el día en el que cumple los dieciséis, Sylvia es atropellada por el joven jugador de fútbol argentino Ariel Burano, quién acaba de fichar por un equipo español de primera división. El accidente tendrá, sin lugar a dudas, consecuencias del todo insospechadas por parte de ambos. Mientras tanto, Lorenzo, el padre de Sylvia, intenta llenar los huecos de una vida vacía tras el abandono de su mujer y su fracaso laboral. A su vez, Leandro, el abuelo de Sylvia, pretende recuperar el tiempo perdido de una existencia que se extingue, aunque de una forma nada convencional.
Muchas son las características que hacen a la de Trueba una prosa totalmente genuina. En primer lugar, diremos que predomina el uso del tiempo presente sobre el pasado: el lector vive las situaciones más relevantes de las vidas de los personajes a la vez que ellos, haciendo que estos episodios destaquen sobre los que ya han quedado atrás. Este tipo de narración consigue que todo tenga mucho más color, como si no fuera éste un libro, sino una película que pasa ante nuestros ojos.
En segundo lugar, en este libro los diálogos no están dentro de su demarcación habitual (con la típica acotación entre guiones), sino ocultos entre los párrafos. Este novedoso recurso consigue despertar mucho más nuestro interés, nuestra curiosidad por conocer lo que va a pasar en cada momento.
Por último, pero no por ello menos importante, señalaremos que Trueba nos presenta esta historia de vidas cruzadas a través de los ojos de un narrador externo a la trama, una voz en off que se asemeja mucho al Dios en el que Lorenzo no puede creer, pues conoce todo lo que ha pasado, lo que pasa y pasará tanto dentro como fuera de los actores de esta historia. Este ser supremo quiere que sepamos que todo ocurre en un tiempo concreto (como señalábamos anteriormente, el curso 2004-2005) y en un mundo que es el nuestro. Por ello, tiende a hacer alusión a hechos acontecidos en ese periodo: la torre Windsor en llamas, el Tsunami en el océano Índico, los atentados del 11-M...; y también a problemas sociales que aún hoy nos preocupan, como son el síndrome de Diógenes, la bulimia, la anorexia, los pisos patera... Con bastante frecuencia, y como novedad dentro de la categoría de los narradores omniscientes, se permite esta voz hacer inteligentes reflexiones acerca de temas tan variados como el deseo, la gran distancia que existen entre el ser y el querer ser, el desengaño que suponen las expectativas de vida no cumplidas, los entresijos reales (y poco idílicos) del mundo del fútbol... Otras veces, son los propios personajes los que nos muestran sus pensamientos más profundos acerca de estos y otros muchos asuntos. Se hace imposible, en consecuencia, no contagiarse de esas ganas de pensar más allá de la superficialidad de nuestras vidas.
Aunque pueda parecer lo contrario, por lo dicho hasta ahora, la obra de Trueba no pretende ser, ni por asomo, moralista y/o ejemplarizante. El ser que nos cuenta las aventuras y desventuras de estas cuatro personas nada puede hacer por cambiar las cosas. Los personajes de Saber Perder son totalmente libres de decidir si guiarse o no por sus instintos. Se dejan arrastrar por las circunstancias, sienten miedo, decepción, se llegan a arrepentir de algunos de sus actos... Al igual que pasa en la vida real. Porque los personajes de Trueba son totalmente humanos, con todo lo bueno y lo malo que eso implica. Y aunque sepan que sus acciones les avergüenzan, que deben llevar dobles vidas por el temor a lo que sus seres queridos piensen de ellos, por no ser juzgados por los demás, volverán a cometer errores.
A veces se gana, otras muchas se pierde. Lo importante, sin duda, es levantarse a tiempo, no compadecerse de uno mismo en exceso y seguir adelante. La propia supervivencia es el reto del ser humano. En eso consiste el saber perder.

